¿Cómo se pierde la grasa?

Este tema es uno de los más complejos, ya que todos confundimos la pérdida de peso o los “problemas” que causa el exceso de peso con lo que realmente deberíamos denominar exceso de grasa en nuestro organismo. Pero, ¿Cómo se acumula? ¿Cuáles son las fuentes principales?

Nuestro cuerpo posee diferentes reservas de energía. Las grasas, localizadas principalmente en el tejido adiposo, y la glucosa, que se almacena en forma de glucógeno en los músculos y el hígado. También, es posible obtener energía a partir de las proteínas que se encuentran en los músculos, pero es algo poco recomendable puesto que daría lugar a una pérdida muscular.

La principal fuente de energía del cuerpo es el glucógeno muscular. Este se forma en gran medida mediante los hidratos de carbono ingeridos provenientes de nuestra dieta.

La segunda fuente de energía son las grasas, ¡ahí todos tenemos reservas! Esta se almacenan en forma de triglicéridos en nuestras células. Cuando consumimos carbohidratos de rápida absorción, como son los azúcares y harinas, en cualquier forma, generamos un pico de glucosa o azúcar en sangre. Como respuesta a esto, el páncreas libera insulina, una hormona encargada de almacenar todo el exceso de azúcar que comimos en forma de grasa.

La curiosidad del caso es que nadie suele relacionar hidratos con grasa. Lo más común es pensar que si comes alimentos grasos en exceso, se acumularán en  forma de grasa, y que si nos excedemos en alimentos azucarados, se convertirán en algo desconocido, pero no pensamos que sea en grasa. Además, los alimentos que poseen estos azúcares de manera principal son los que más “nos pide el cuerpo” por lo que tendemos a justificar su exceso. Entonces, ¿qué podemos hacer para “quemar” la grasa o hacer que no se acumule?

Comúnmente, decimos que la grasa se “quema”, aunque la realidad es que se oxida. El cuerpo vacia las células grasas y los triglicéridos se separan en dos componentes: glicerol y ácidos grasos, con los que se produce energía y, lo que no se utiliza, se desecha por la orina, la respiración y el sudor.

Para oxidar la grasa, el organismo necesita oxígeno. Por eso el ejercicio cardiovascular que hagas no tiene que ser tan intenso. Si te pones a trotar, a un paso en que puedes estar hablando con alguien, estás “quemando grasa”. Sin embargo, cuanto más intenso es el ejercicio, a tu cuerpo le da menos tiempo de convertir la grasa en azúcar para utilizarla como combustible. De esta forma, tiene que recurrir al azúcar como tal, y así es como, las reservas de glucógeno comienzan a agotarse. Si esto pasa, el organismo recurre a las proteínas del músculo, lo cual no es lo ideal, pues ya bastante trabajo nos cuesta construirlo.


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