En esta segunda parte sobre la alimentación infantil saludable vamos a tratar otros aspectos relevantes que no vimos en la primera parte. En primer lugar, el punto de partida, es tener en casa alimentos saludables y dar ejemplo. Si los padres no comen fruta, el niño tampoco va a comer o si no ve a sus padres comer verdura nunca, tampoco la comerá.
No hay que prohibir al niño/a comer algo, simplemente que no esté a su alcance. Lo que no queramos que coma, no lo tenemos que tener en casa. No Prohibir, No Ofrecer.
Prohibir no es la solución, se consigue todo lo contrario, aumentan las ganas de comer aquello que se prohíbe. Hay que educar al niño desde la flexibilidad, no desde la rigidez. No comemos solo para nutrirnos, comer también es placer, disfrutar, celebrar, compartir… No pasa nada porque un niño coma puntualmente un alimento que no es saludable, lo que finalmente importa es lo que haga a diario.
Llegados a este punto, ¿en qué consiste una alimentación saludable? Esta debe ser rica en frutas, verduras y hortalizas, cereales integrales, legumbres y frutos secos, también en proteínas y grasas de calidad. Como bebida principal, siempre agua, que se base en alimentos y evitar ultraprocesados insanos, cuantos menos mejor.
¿Qué se puede hacer más para que un niño coma mejor?
- Hacerlo partícipe (de las elecciones, de cocinar, de la compra, de la preparación de la mesa…)
- No obligarlo a comer.
- Respetar sus señales de hambre y saciedad.
- Hacer que el ambiente a la hora de comer sea agradable.
- Hacer alguna comida del día en familia.
- Evitar que coma con pantallas (televisión, móvil, Tablet…).
- No chantajear con la comida.
- Tener claro que un niño come porque está creciendo, no crece porque come.
- No atribuirle súper poderes a los alimentos, son muy listos y van a detectar que se hace con brócoli y no con unos gusanitos.
- No castigar ni premiar con comida.
- Etc.
¿Cumplir todas estas recomendaciones hará que un niño coma mejor?
Una alimentación infantil saludable dependerá del niño y de su familia, del punto en el que estén. Habrá familias que solo necesiten unas pautas para mejorar y otras en las que el proceso hacia el cambio sea más largo. También tenemos que saber que el niño va pasando por diferentes etapas, por ejemplo, puede que en la adolescencia coma “peor”, pero si hay una buena base y en su infancia ha aprendido buenos hábitos alimentarios seguramente vuelva en algún momento a retomar un estilo de vida saludable.
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